Martes, 11 de agosto de 1970
Escribo unas líneas para desahogarme antes de ir a la fundación.
No quería escribir sobre esto porque pensé que, si lo ignoraba, terminaría olvidándolo, pero no funcionó y creo que no lograré hacerlo nunca.
La noche de la cena, después del postre y de que todos pasáramos al salón, fui al baño para refrescarme un poco y tomar un poco de aire, ya que me sentía bastante abrumada. Sin embargo, cuando regresaba, me desvié sin querer hacia la terraza porque necesitaba respirar un poco.
Confieso que toda la cena había estado pendiente de cada palabra que decían los Lafuente y mi cerebro estaba cansado de buscar la respuesta correcta para no verme tonta, vana o que no entendía lo que me decían.
Sin embargo, al salir al balcón, Sarahí estaba allí fumando un cigarro mientras observaba la hermosa vista de la ciudad. Quise alejarme, pero ella me vio.
—No tienes que marcharte por mí —me dijo.
Así que me quedé. Al final de cuentas, ninguna de las dos tenía que entablar una conversación. Durante unos segundos, eso pasó; ninguna de las dos habló. Sin embargo, cuando estaba a punto de dar un paso atrás y regresarme con el grupo, ella me dijo una frase que me paralizó.
—Este mundo va a comerte viva, Alegra.
—¿Cómo? —fue mi respuesta más rápida y sincera. En realidad, quería asegurarme de que había escuchado bien la frase.
—El mundo de David Canarias es cruel y real. No es un cuento de hadas —contestó.
—¿Lo dices por tu familia? Ellos han sido muy amables.
—Mi familia no cuenta —me dijo—. Mi padre viene de la pobreza. Puede tener todo el dinero del mundo, pero todavía recuerda lo que es no tenerlo. Por eso aquí nadie va a despreciarte por haber sido pobre.
No supe qué contestar.
Después dijo:
—Pero en el mundo de David Canarias. Hablo de sus primos, de su familia, de sus amigos y conocidos. Ello sí lo harán.
—En realidad, eso no me importa —respondí, tratando de hacerme la fuerte.
—Debería. —Ella volteó a verme y sonrió—. Todos saben bien quién eres, Ibiza. Una cantante de bodas que logró conquistar al millonario. Eres la Cenicienta de esta historia. No eres nadie por tu cuenta. El nombre de Alegra Bustamante no da estatus, no significa nada, y tu apellido no deja nada que desear.
—Pero… —Traté de contestar; aun así continuó.
—Puedes aprender a vestirte, a hablar mejor, a estudiar, usar esas perlas y ponerte todos los vestidos caros que David quiera comprarte, pero nunca dejarás de ser la cantante.
Me enfadé y mucho. Le pregunté por qué le importaba tanto lo que hiciera con mi vida.
Entonces me dijo:
—A mí no me importa. A David debería importarle.
Le contesté que David sabía perfectamente quién era cuando se casó conmigo.
Sarahí me miró y dijo:
—Claro que lo sabe. David es un hombre inteligente y por eso se casó contigo así.
—¿Qué quieres decir? —le pregunté con el corazón herido.
—David Canarias podría haber tenido una boda con cientos de invitados. Podría haber llenado una iglesia y tener a media España hablando de ella al día siguiente. Pero, ¿dónde están las fotografías? ¿Los anuncios? ¿Los amigos influyentes de David? ¿Dónde están los Canarias?
—Nosotros no quisimos nada de eso.
Y entonces sonrió.
—¿Estás segura de que vosotros no lo queríais? —me preguntó con cizaña.
Odio admitirlo, pero no supe qué contestar.
Nuestra boda fue preciosa.
Lo fue.
La señora Ainhoa estaba allí. Mandy y Tristán fueron nuestros testigos. Tuve mi vestido blanco y flores del solárium. David me miró como si yo fuera la mujer más hermosa que había visto jamás.
No cambiaría ese día por ninguna iglesia llena de gente.
Pero Sarahí siguió hablando.
Me dijo que David había renunciado a Empresas Canarias, que estaba trabajando para los Lafuente y que nosotros nos habíamos quedado en Madrid precisamente porque aquí podíamos empezar de nuevo sin que nadie hiciera demasiadas preguntas.
—En Madrid eres la señora Canarias porque David dice que lo eres. En Ibiza tendrás que convencer a todos los demás.
Le dije que no necesitaba convencer a nadie.
—Eso dices ahora.
Después me habló de fiestas, cenas, apellidos que conozco solo porque David los menciona, familias que llevan generaciones haciendo negocios juntas. Personas que conocieron a David cuando era niño y que sabían desde hacía años que debía casarse con ella.
Y entonces dijo:
—Cuando vuelvas a Ibiza del brazo de David, no van a preguntarse quién eres. Ya lo saben. Van a preguntarse cuánto va a durar.
Quise contestarle, juro que quise hacerlo. No obstante, no encontré nada suficientemente inteligente que decir.
Sarahí se acercó antes de marcharse.
—No te estoy diciendo esto porque quiera recuperarlo. En realidad, David jamás fue mío. Te lo digo porque tú pareces creer que enamorarte de David fue la parte difícil, pero no lo es. Lo difícil será sobrevivir a ser su mujer. Buena suerte.
Después, como si no acabara de decirme algo que disparó todos mis miedos de golpe, regresó al salón.
Y yo me quedé allí.
Sola.
Intentando ordenar todo lo que me había dicho y, sobre todo, intentando convencerme de que no debía creerle.
No le he contado nada a David y no pienso hacerlo.
No porque quiera ocultárselo. Bueno, supongo que técnicamente sí se lo estoy ocultando, pero no es algo importante. Sarahí estaba enfadada, quería hacerme daño y encontró exactamente dónde hacerlo. Si se lo cuento a David, sé que se enfadará. Quizá hable con ella, con Alí o incluso deje de relacionarse con los Lafuente fuera del trabajo.
¿Y para qué?
No quiero convertir unas palabras malintencionadas en un problema entre familias.
Además, yo puedo defenderme sola.
Sin embargo, llevo tres días pensando y repitiendo sin parar que David nunca me ha escondido. Me presentó a su madre, a los Lafuente, me dio su apellido. Incluso renunció a la vida que otros habían escogido para él.
Y aun así… ¿Por qué nos casamos tan deprisa? ¿Por qué no hubo anuncio? ¿Por qué no celebramos nada?
Sé las respuestas. Al menos creo saberlas. Nos amamos, no queríamos esperar; todo lo que acababa de ocurrir con su padre y nuestra boda no necesitaba cientos de personas. Yo no necesitaba cientos de personas, solo lo necesitaba a él.
Entonces, ¿por qué las palabras de Sarahí me siguen doliendo?
Tal vez porque hay una diferencia enorme entre saber que no perteneces a un mundo y escuchar a alguien de ese mundo confirmártelo.
No tengo tiempo para preocuparme por si Ibiza piensa que soy suficientemente buena para David Canarias. Aunque supongo que si de verdad no me importara, no habría llenado cuatro páginas escribiendo sobre ello.
Qué rabia.
Con amor, Alegra.
2 respuestas
Maldaita Sarahi….aunque algo de razón tiene 🙁
Sarahí puede ser cruel y amargada… pero mentirosa no.