—¿Señora Alegra Bustamante de Canarias? —se escuchó la voz del médico.
El hombre entró con tranquilidad, tomó el historial que descansaba a los pies de la cama y lo revisó antes de acercarse.
Alegra se sentía débil. Tenía el rostro pálido, los labios resecos y el pelo atado en una trenza. David pertenecía sentado junto a ella, sosteníendole la mano entre las usyas y acariciándole los dedos con el pulgar.
—Señora Canarias… lo siento mucho. Ha sufrido un aborte espontáneo. No hemos podido evitar la pérdida del embarazo.
Alegra cerró los ojos y apretó los labios. Las lágrimas recorrieron su rostro.
—¿Ha perdido el bebé? —preguntó David con cautela. Después volteó a ver su mujer—. Lo siento… yo no sabía…
Alegra asintió mientras se quitaba las lágrimas.
—Por la fecha de su última menstruación y lo que nos ha contado, señora Canarias, calculamos que tenía unas cinco o seis semanas. Era un embarazo muy reciente.
Alegra se quitó las lágrimas.
—¿Fue mi culpa?
—No, mi amor… claro no. —David volteó a ver al doctor sólo para confirmar que era verdad.
—No, claro que no. Sólo sucedió. Es común en los primeros meses de embarazo.
—¿Ella estará bien? —preguntó David.
—Físicamente, sí. Ha perdido sangre y estará débil durante unos días, pero se recuperará. Tendrá que descansar y estaremos pendientes de que el sangrado disminuya y no aparezca fiebre.
Alegra respiró profundamente antes de formular la pregunta que más temía.
—¿Podré quedar embarazada de nuevo?
David levantó la mirada hacia el médico.
—No hay nada, por ahora, que nos haga pensar lo contrario— respondió él—. Una pérdida temprana no significa que no pueda tener un embarazo normal más adelante. Sólo es cuestión de intentarlo de nuevo más adelante.
Alegra asintió, pero las lágrimas comenzaron a acumularse nuevamente en sus ojos.
—Mantendremos a la señora en observación por una hora más y si todo está bien, pueden irse.
—Gracias… —agradeció David.
Cuando el médico salió, el silencio llenó la habitación. David se volteó hacia Alegra y le dio un beso sobre la frente.
—Mi amor… lo siento mucho.
—Hoy iba a decírtelo —confesó entre lágrimas—. Estaba muy emocionada. Solo Mandy lo sabía.
—Ale… —murmuró David.
Se inclinó hacia ella y la rodeó con los brazos. Alegra se aferró inmediatamente a su camisa, escondiendo el rostro contra su pecho. Durante unos segundos intentó contenerse, pero ya no tenía fuerzas para hacerlo, las lágrimas ya comenzaban a empapar la tela.
—Ni siquiera logré conocerlo y ya lo extraño —murmuró.
Los dos lloraron juntos.
***
27 de agosto de 1970
Querido diario.
No sé cómo escribir esto. Confieso que llevo varios minutos mirándote e intentando encontrar las palabras para comenzar a escirbir, pero creo que no existen.
Pensaba que, hace unos días, escribí las palabras más bonitas de mi vida, y ahora todo a quedado en un recuerdo, uno escrito en estás páginas.
Quería escribir que estaba embarazada, que Daivd y yo íbamos a ser padres y que habíamos comenzado a hacer planes pero no, no puedo escribir eso porque perdimos a nuestro bebé.
No quiero poner cómo pasó, ni lo que sentí, porque me da tristeza volverlo a recordar, sólo pondré que el médico me dijo que tendría aproximadamente unas cinco o seis semanas y que era pequeño, muy pequeño.
Estaba tan emocionada. Sólo pude contarselo a Mandy y ahora que recuerdo tendré que decirle que lo perdí. Que ya no tendrá a su sobrino o sobrina en el verano. Que ya no podremos llevarlo a la playa y enseñarle a nadar en el mar.
David también está triste, mucho. Ha pedido unos días en el trabajo para cuidarme pero siento que lo hace porque se siente culpable por no haber estado aquí. Me dice que si tan sólo hubiese llegado antes posiblemente el embarazo se hubiese salvado, pero no sería así. Él médico nos dijo que no había nada que hacer.
Trato de mantenerme tranquila, pero no dejo de pensar en mi bebé. En cuánto hubiese crecido mi vientre, en cómo lo hubiese acariciado. Le habría hablado, le habría dicho cuánto le queríamos. Le había contrado que su padre era un hombre maravilloso y que se había vuleto completamente loco por él.
Le había dicho muchas cosas pero… no se pudo. Quiero pensar que conforme pasen los días dolerá menos. Quiero pensar que pronto esto pasará.
Alegra.