Viernes, 23 de octubre de 1970

Diario:

La señora Lafuente ha estado un poco enferma estos últimos días y ha delegado en mí prácticamente todas las obligaciones de la fundación.

Me siento tan agradecida como abrumada.

Hay momentos en los que miro mi escritorio lleno de carpetas, solicitudes, facturas, cartas y listas y pienso que alguien debe haberse equivocado. Hace apenas unos meses estaba cantando por las noches y preocupándome por tener suficiente dinero para llegar a fin de mes. Ahora hay personas que vienen a preguntarme qué deben hacer y esperan que yo tenga una respuesta.

¡Yo! A mí… Alegra. 

No puedo creer lo importante que me siento. Aunque David dice que debería dejar de sorprenderme.

Según él, nadie me ha regalado nada y la señora Lafuente no habría puesto la fundación en mis manos si no creyera que puedo ocuparme de ella. También dice que tengo que empezar a acostumbrarme a que las personas confíen en mí.

Supongo que tiene razón.

Lo mejor es que estoy a punto de terminar la primera parte de mis estudios. Todavía me parece extraño escribirlo pero cada examen que apruebo me acerca un poco más a la universidad, a mi sueño, a ese que le prometí a mi madre: que habría un pediatra en la familia. 

David está convencido de que llegaré.

Yo todavía tengo miedo de decirlo demasiado alto, como si pudiera romperse, pero él habla de mi futuro con una seguridad que a veces me hace creer que ya puede verlo.Dice que dentro de algunos años terminaré la carrera y seré una gran pediatra. Yo siempre le contesto que primero tengo que conseguir entrar en Medicina. Él responde que ese es solamente un detalle. Me gusta que crea tanto en mí. A veces incluso más de lo que yo misma puedo hacerlo.

Mandy, por su parte, finalmente ha conseguido un piso y se ha mudado. Está bastante cerca de la fundación, lo cual le viene estupendamente porque la señora Lafuente le ha ofrecido un puesto permanente.

Creo que Salma la adora y la comprendo.Mandy puede conseguir en veinte minutos lo que a cualquier otra persona le llevaría una mañana entera y, si alguien le dice que algo es imposible, parece tomárselo como una ofensa personal.

Lo mejor es que ya no necesita trabajar por las noches. Entre su sueldo y la beca puede mantenerse mientras continúa estudiando. Todavía se está acostumbrando a dormir por las noches como una persona normal, aunque dice que después de tantos años trabajando en bares su cuerpo considera que las tres de la madrugada es una hora estupenda para estar despierta.

La entiendo perfectamente, sé que todo esto es temporal para ella. Mandy quiere ser sobrecargo. Lo ha querido desde hace mucho tiempo y, cuando termine su preparación y consiga un puesto en alguna compañía aérea, se marchará de la fundación. Quizá incluso de Madrid.

No quiero pensarlo demasiado porque la extrañaré muchísimo. Sólo de pensarlo me dan ganas de llorar. Pero también sé que estaré feliz por ella. Creo que querer a alguien también significa eso: desear que encuentre el camino que quiere seguir, aunque ese camino termine llevándoselo un poco más lejos de ti.

Además, Mandy ya me ha advertido que cuando empiece a volar piensa conseguirme billetes baratos para que David y yo vayamos a visitarla a todas partes. David dice que eso no funciona exactamente así, Mandy dice que David no sabe nada. Yo he decidido creerle a Mandy porque me parece mucho más divertido.

Todo está yendo viento en popa sin embargo, he vuelto a tener pesadillas.

Sueño con los Montero, con mi padrastro y mis hermanastros. Me asusta no saber nada de ellos y, al mismo tiempo, me tranquiliza. Sé que suena contradictorio, pero mientras no sepa dónde están, puedo imaginar que ellos tampoco saben dónde estoy yo.

No ha pasado tanto tiempo desde que me fui de Canarias y, sin embargo, siento como si aquella vida le hubiera sucedido a otra Alegra.

Aquí soy la esposa de David. Estudio,trabajo en la fundación, tengo una casa y una mejor amiga. Hay personas que confían en mí y me preguntan qué hacer. Puedo abrir la despensa cuando tengo hambre sin preguntarme si alguien se enfadará. Puedo gastar el dinero que gano. Puedo salir de casa cuando quiero. Puedo cerrar una puerta sin tener miedo de que alguien la abra. 

Quizá por eso no comprendo por qué sigo regresando allí cuando duermo. Mis sueños me llevan a momentos que creía haber dejado atrás. Algunos ni siquiera los recordaba hasta que aparecieron otra vez por las noches.

Hay uno que se repite más que los demás cunado Adolfo, mi hermanastro menor, me agarra del cabello y lo jala. Puedo sentirlo con tanta claridad que algunas veces despierto llevándome las manos a la cabeza.

En el sueño vuelve a arrastrarme hasta mi habitación mientras me grita que la comida estaba horrible. Que no sirvo para nada. Después me empuja dentro y cierra la puerta. Otras veces sueño con el día en que me golpeó porque no quise darle el dinero que había ganado.

Lo peor es que, dentro del sueño, vuelvo a ser aquella muchacha, que baja la cabeza, la que calcula cuándo debe hablar y cuándo es mejor guardar silencio. La que esconde unas monedas porque nunca sabe cuándo tendrá que escapar.

Después despierto.

Y está David.

La primera vez lo asusté muchísimo. Me desperté tan agitada que él encendió la luz y me preguntó una y otra vez qué había pasado. Me abrazó hasta que dejé de temblar y se quedó despierto conmigo aunque al día siguiente tenía que trabajar.

Ahora, cuando sucede, simplemente me acerca a él.

No le cuento nada porque él no los conoce. Oficialmente soy huérfana y, si le hablara de ellos, descubriría que le mentí.

Aunque, pensándolo bien, no mentí.

LO SOY.

Soy huérfana.

Mis padres murieron y los Montero no son mi familia. Nunca lo fueron. Compartir una casa, un apellido durante algunos años o un vínculo impuesto no convierte a nadie en familia.

Mi familia era mi madre y ella murió. Los demás fueron solamente personas con las que tuve la desgracia de vivir.

Pero entonces, ¿por qué sigo soñando con ellos?¿Hasta cuándo voy a despertar con el corazón desbocado creyendo que sigo en aquella casa? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que mi cabeza entienda que escapé?¿Alguna vez conseguiré liberarme de esta carga?

Quiero pensar que sí. Porque ellos ya se quedaron con demasiados años de mi vida y no pienso regalarles también los que me quedan.

Con cariño, Alegra. 

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