Buenos días, diario:

¡Soy una mujer casada y feliz!

David comenzó hoy a trabajar con los Lafuente y se marchó muy temprano. Bueno… no sin antes de volver a hacer el amor conmigo. ¡Dios! Me da muchísima vergüenza escribir estas cosas, pero también me hace feliz poder hacerlo. Nunca pensé que tendría un esposo como él ni que podría sentirme tan querida. Todavía tengo la sensación de estar viviendo dentro de un sueño y que en cualquier momento voy a despertar.

Hoy iré de compras con la señora Ainhoa y con Mandy. Tenemos que escoger los muebles para el piso y estoy emocionadísima. ¡Nunca había podido elegir ni siquiera una habitación completamente a mi gusto y ahora tengo una casa entera! David dice que puedo comprar lo que quiera, aunque creo que se arrepentirá cuando vea todas las cosas que pienso meter ahí. Quiero que nuestro piso tenga color, plantas, libros, fotografías y un tocadiscos. ¡Sí, quiero comprarme uno! Quiero que, cuando David abra la puerta de la casa después de trabajar, sepa de inmediato que está en casa.

También, esta noche cenaremos todos juntos para despedir a Mandy, porque mañana se regresa a Ibiza. Voy a extrañarla mucho. Me acostumbré tanto a tenerla cerca que resulta extraño pensar que ahora viviremos en ciudades diferentes. Me ha prometido que vendrá a visitarme y yo también pienso regresar a Ibiza en cuanto pueda. Ella me dijo que tal vez consiga convencerla de que se mude a Madrid y trabaje aquí. Sería maravilloso. Aunque sospecho que Tristán no querrá dejarla ir.

No puedo creer que tenga una casa, esta vida, un esposo como David. Definitivamente, estoy viviendo un cuento de hadas.

Con amor,

Alegra Bustamante de Canarias.

Sábado, 1 de agosto de 1970

Querido Diario.

Estoy escribiendo desde mi nuevo hogar.

¡Mi hogar! Todavía me emociona decirlo. Ya estamos instalados y todo huele a nuevo: los muebles, las cortinas, las sábanas, hasta los armarios. Hay cajas por todas partes y todavía faltan muchas cosas, pero ya comienza a sentirse nuestro.

Lo primero que dejamos listo fue la habitación. La señora Ainhoa escogió las sábanas favoritas de David y me dijo que procurara comprar siempre esas porque, según ella, su hijo puede hacerse el hombre sencillo todo lo que quiera, pero es bastante quisquilloso para dormir. Si supiera que hace días que duerme exhausto entre mis brazos.

No puedo creer lo bien que me llevo con mi suegra. Tenía muchísimo miedo de conocerla y ahora siento que puedo preguntarle cualquier cosa sobre David. Incluso me ha contado algunas historias de cuando era niño que puedo utilizar para molestarlo. La voy a extrañar mucho.

La señora Ainhoa se irá unos días al País Vasco, de donde es originaria, para pasar un tiempo a solas. Me dijo que allá tiene propiedades y quiere ir a administrarlas, pero que volverá dentro de unos meses, ya que no piensa volver a Ibiza por un rato. A ella no le gusta el mar.

Por otro lado, he decidido apuntarme a clases de cocina. Quiero aprender a preparar comida casera. No porque David me lo haya pedido; de hecho, cuando se lo conté, me dijo que podríamos contratar a un chef para que yo no lo hiciera. Pero me negué, quiero hacerlo yo. Quiero descubrir qué cosas le gustan, aprender sus platos favoritos y que, cuando llegue cansado del trabajo, encuentre algo rico esperándolo.

Me gusta cuidar de él, como a él le gusta cuidar de mí.

Hoy salió temprano otra vez. Lleva apenas unos días trabajando con los Lafuente y ya parece completamente entregado a la empresa. Anoche llegó con un montón de papeles bajo el brazo y se quedó estudiándolos hasta tarde. No entiendo nada de lo que hace, pero me encanta escucharlo mientras intenta explicármelo. Se emociona y apasiona cuando habla de números, de rutas, de proveedores y de todas las cosas que quiere cambiar, como si estuviera armando un enorme rompecabezas.

Creo que necesitaba eso. Algo suyo, algo que pudiera construir sin que nadie le dijera qué hacer. Yo también quiero encontrar algo así. Quiero seguir cantando, estudiar, descubrir lo que puedo hacer ahora que ya no tengo que pasarme la vida sobreviviendo o huyendo.

La señora Ainhoa me dio un consejo que se me quedó marcado: no desaparezcas en la vida de David.

No, no pienso hacerlo. Quiero construir mi vida a su lado.

Martes 4 de agosto de 1970

Querido diario:

Te escribo como una mujer oficialmente matriculada en los estudios nocturnos para terminar la secundaira. Así es… ¡voy a estudiar de nuevo!

Le cometé a David que quería terminar los grados que me faltan y me animó de inmediato. Creo que incluso se emocionó más que yo. Me dijo que ahora que tengo la oportunidad de hacerlo no existe ninguna razón para dejarlo pendiente y que, después, si quiero continuar estudiando, también lo haga. No sé hasta dónde llegaré, pero por primera vez puedo pensar en esas cosas sin preocuparme por cómo voy a sobrevivir al día siguiente.

Ahora si tengo prácticamente todo el día ocupado. Por las mañanas acomodo la casa la casa mientras canto, así es, he regresado a cantar y me encanta, a David le gusta también. Después, me voy al mecardo a comprar los ingredientes para la clase de cocina que tomo justo al medio día. Por la tarde regreso a casa, le doy a David lo que cociné o, dependiendo de las ganas, hacemos el amor. Últimamente lo hacemos todos los días.

Ahora estudiaré por las noches. Las clases comienzan justo cuando David se va de nuevo a la oficina así que me pasa a dejar a la escuela y me recoje por las noches. Me viene bien porque estoy acostumbrada a trabajar, a moverme y siempre tner algo que hacer; quedarme todo el día encerrada en este piso tan bonito casi me vuelve loca.

Creo que también me ayudara a acostrumbrarme a Madrid. Todavía no conozco a nadie a parte de David. Además, extraño muchisimo a Mandy. Ayer estuve a punto de llamarla solamente para contarle que había comprado unas cortinas nuevas. Supongo que estudiar me permitirá conocer gente de mi edad y comenzar a construir una vida aquí que también sea mía.

Las clases comienzan la próxima semana. Estoy nerviosa, pero lo logaré.

Alegra Bustamente de Canarias.

P.D David me ha dicho que si saco buenas notas me dará un regalo. Ahora tengo más razones para estudiar.

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