Alegra jamás había recibido flores en su vida. Por eso, cuando abrió la puerta y vio entrar el primer ramo, se quedó completamente sorprendida; después llegó el segundo y el tercero.
Para cuando el hombre que hacía la entrega anunció que todavía faltaban varios por bajar, Alegra salió al pasillo sin saber si reír o preocuparse.
—Perdone… ¿está seguro de que todas son para esta casa?
—Para la señorita Alegra Bustamante Betancor.
Mandy apareció detrás de ella, todavía intentando comprender qué ocurría.
—¿Cuántas son? —preguntó, de forma inoscente.
El hombre consultó la nota.
—Doce docenas.
—¿Doce docenas? —repitió Alegra.
Rosas, margaritas, claveles y otras flores que ni siquiera sabía nombrar fueron llenando poco a poco la entrada y el salón. Había tantos colores y aromas que la pequeña casa de Mandy comenzó a parecer una floristería.
Cuando el hombre terminó, le dio una tarjeta y después se marchó. Mandy, que todavía no podía creer lo que veía se acercó a ella y le murmuró.
—Te dije que te escongería.
—Ya sé… —murmuró ella, viendo la tarjeta.
—¡Venga! ¡Ábrela! —le indicó su amiga.
Alegra lo hizo, y comenzó a leer.
Alegra, mi amor:
Perdóname por haber estado tan lejos estos días y, sobre todo, por haberme marchado sin poder explicarte nada. Todo ha sido una verdadera aventura. Espero que estas flores consigan convencerte de perdonar mi larga ausencia. Aunque, conociéndote, probablemente necesite algunas más. Pronto volveré a Ibiza y, cuando lo haga, te prometo que no volveremos a separarnos.
Te amo, David.
Alegra abrazó la nota contra el pecho y después, sin poder evitarlo, la besó. Mandy la observó con una sonrisa enorme.
—Es verdad… Los Canarias son extraordinarios. Primero fue la ropa y ahora ciento cuarenta y cuatro flores. ¿Qué sigue? ¿Un anillo de compromiso?
Alegra sonrió y negó con la cabeza.
—Basta, Mandy.
—¿Qué? Es evidente que, a pesar de todo, te escogió. Así que yo digo que vayas acostumbrándote a tu nuevo nombre.
—¿Mi nuevo nombre?
—Señora de David Canarias Donato.
Alegra abrió mucho los ojos.
—¡Mandy!
—Espera, espera… —Se llevó una mano al pecho, teatral—. Alegra Canarias… No. No me gusta. Alegra Bustamante de Canarias. —Sonrió encantada con el resultado—. ¡Dios mío! Suena importantísimo.
—Ya… Primero tendremos que ver qué pasa cuando regrese.
—¿Qué quieres ver? Te ha enviado media floristería y una carta diciendo que te ama. A mí me parece bastante claro.
Alegra volvió a mirar la nota.
Cuando regrese no volveremos a separarnos.
Quería creerlo.
Esta vez, realmente quería permitirse creerlo.
Entonces volvieron a llamar a la puerta.
Ambas levantaron la cabeza.
Mandy abrió los ojos con emoción.
—¡Debe ser el anillo!
—¡Mandy!
Ella ya corría hacia la entrada entre risas.
—¡Yo abro!
Alegra se quedó en medio del salón, rodeada de flores, todavía sosteniendo la nota de David contra el pecho.
—Estás loca —murmuró, aunque no pudo dejar de sonreír.
Minutos después, Mandy regresó con un pequeño sobre entre las manos.
—¿Qué es eso?
—No lo sé. Me lo ha entregado un mensajero.
Se lo tendió a Alegra.
Ella lo tomó y le dio la vuelta.
No tenía remitente.
El miedo le recorrió el cuerpo de inmediato.
¿Pedro?
¿Alguno de sus hermanastros?
¿La habían encontrado?
Sintió que el corazón comenzaba a golpearle con fuerza dentro del pecho. Miró nuevamente el sobre, buscando alguna señal que le indicara de dónde procedía.
Nada.
—Alegra…
—Espera.
Le costaba respirar.
Durante aquellas semanas había imaginado tantas veces aquel momento que su cuerpo reaccionó antes que su cabeza. Federico. Pedro. Gran Canaria. Cualquiera de ellos podía haber descubierto dónde estaba.
—No quiero abrirlo.
—Pues yo sí.
Antes de que pudiera impedírselo, Mandy le arrebató el sobre.
—¡Mandy!
Su amiga ya estaba rompiendo uno de los extremos.
—Si contiene una amenaza, nos enteramos. Y si contiene dinero, nos lo gastamos.
—¡No tiene gracia!
Mandy metió los dedos dentro del sobre.
—¡Madre mía!
Alegra se puso inmediatamente de pie.
—¿Qué? ¿Qué es?
Mandy sacó dos documentos y abrió los ojos de par en par.
—¡Son dos billetes de avión para Madrid!
—¿Cómo?
—¡Sí! ¡Dos billetes! —Los revisó rápidamente—. Uno está a tu nombre y el otro al mío.
—¿Al tuyo?
—¡Nos vamos a Madrid!
Algo más cayó del interior del sobre, era una carta. Mandy la recogió y se la dio a Alegra.
—Otra carta del extraordinario David Canarias.
Alegra reconoció inmediatamente que aquella letra no pertenecía a David. Era una caligrafía femenina, elegante y cuidada.
Tomó la hoja y pudo leer através de ésta un nombre: Ainhoa Donato de Canarias.
Alegra abrió los ojos.
—Es de su madre.
—¿La madre de David?
—Sí.
—¿Qué dice?
Alegra tragó saliva y comenzó a leer en voz alta.
Querida Alegra:
Espero que no te moleste que me tome la libertad de escribirte sin que nos conozcamos todavía. David me ha hablado de ti y, aunque seguramente él preferiría contarte muchas cosas personalmente, estos últimos días han sido bastante complicados para todos.
Mi hijo tendrá que permanecer en Madrid un poco más de lo previsto y tengo la impresión de que hay alguien en Ibiza a quien le gustaría mucho ver.
Por eso encontrarás dos billetes de avión dentro de este sobre: uno para ti y otro para Mandy. Pensé que quizá preferirías venir acompañada y, por lo que he escuchado, sospecho que ella tampoco se opondrá demasiado al viaje.
Me encantará recibirlas a las dos en Madrid. No tienes que preocuparte por nada; yo me ocuparé de que estén cómodas durante su estancia.
Y, Alegra, no quiero que sientas que tienes que venir por compromiso. Solo pensé que después de todo lo ocurrido, a David le vendría muy bien tener cerca a alguien capaz de hacerlo sonreír.
Además, debo confesarte que tengo mucha curiosidad por conocerte.
Espero verlas pronto.
Con cariño,
Ainhoa Donato de Canarias.
Alegra se quedó un instante más viendo la carta mientras trataba de sobrellevar toda la situación. Alegra Donato, la madre de David, quería conocerla.
—¡Madre mía, Ainhoa Donato sabe quién soy! —exclamó Mandy, emocionada—. ¡Y voy a viajar a Madrid! ¡Nunca he estado en Madrid!
Mandy estaba tan entusiasmada que ni siquiera parecía recordar que Tristán la había dejado a cargo del Paraíso Club. Ya tendría tiempo de pensar en eso… y en averiguar si él estaba enterado de aquel pequeño viaje.
Alegra miró nuevamente los billetes.
Madrid.
Hasta esa mañana le había parecido un lugar lejano, perteneciente al mundo de David. Ahora tenía entre las manos un billete con su nombre.
—Voy a conocer Madrid… —murmuró.
Entonces comprendió algo más y abrió mucho los ojos.
—Voy a conocer a mi… —Se llevó una mano a la boca—. ¡A mi suegra!
Mandy soltó un grito.
—¡Vas a conocer a tu suegra!
Ambas comenzaron a reír.
—¡Necesitamos nuestra mejor ropa! —continuó Mandy, levantándose de golpe—. ¡La que te regaló David! Sí, esa. ¿A qué hora sale el vuelo?
Alegra revisó los billetes.
—A las tres.
—¡Perfecto! Tenemos tiempo.
—¿Tiempo para qué?
Mandy la miró como si acabara de hacer la pregunta más absurda del mundo.
—Manicura, pedicura, peinado… ¡todo! No puedes presentarte delante de Ainhoa Donato de Canarias de cualquier manera. Tenemos que llegar a Madrid con nuestras mejores galas.
—Mandy…
—¿Qué?
Alegra la observó. Su amiga seguía sonriendo, completamente emocionada por ella.
—Gracias.
La expresión de Mandy cambió. No necesitó preguntarle por qué. Ambas sabían todo lo que había ocurrido durante aquellas semanas. Las veces que Alegra había querido marcharse. Las veces que había intentado convencerse de que David estaría mejor sin ella. Las noches en las que Mandy simplemente se había sentado a su lado hasta que dejara de llorar. Si no hubiera sido por ella, quizá Alegra ya habría tirado la toalla.
Mandy tomó sus manos.
—Estoy segura de que este es el primer día de tu nueva vida.
Alegra sonrió.
—Eso espero.
—Solo prométeme una cosa.
—¿Cuál?
—Que cuando seas la señora Canarias y tengas una casa enorme, criados, coches y todas esas cosas de ricos… no te olvidarás de mí.
Alegra soltó una carcajada y la abrazó.
—¡Jamás!
Mandy correspondió al abrazo.
Ninguna de las dos podía saber hasta qué punto aquellas palabras terminarían siendo ciertas, porque la Alegra que subiría aquella tarde al avión rumbo a Madrid no sería la misma que regresaría a Ibiza.
2 respuestas
Me encanta esta versión de doña Ainhoa!
A Madrid los pasajes