Ibiza, febrero de 1980.
Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón. Porque yo seguiré siendo el cautivo de los caprichos de tu corazón. Supiste esclarecer mis pensamientos, me diste la verdad que yo soñé. Ahuyentaste de mí los sufrimientos, en la primera noche que te amé. Hoy mi playa se viste de amargura, porque tu barca tiene que partir. A cruzar otros mares de locura, cuida que no naufrague en tu vivir. Cuando la luz del sol se esté apagando y te sientas cansada de vagar, piensa que yo por ti estaré esperando, hasta que tú decidas regresar.
Tristán cantaba en murmuros, mientras sostenía el sobre entre los dedos como si quemara. No era grueso ni pesado, pero igual le era difícil cargarlo. A pesar de que la canción La barca rondaba sus pensamientos, el ruido del mar le ayudaba a tranquilizarse. No podía esperar más. Abrió con cuidado, sin prisa, como quien sabe que lo que está por leer no cambiará nada, pero dolerá igual.
Juzgado Primero de lo Familiar, Distrito Federal, a 10 de febrero de 1980
ACTA DE DIVORCIO
En el Distrito Federal, siendo las 10:00 horas del día diez de febrero del año mil novecientos ochenta, comparecen ante esta autoridad:
El ciudadano Tristán Ruiz de Con Saavedra, de nacionalidad española, mayor de edad, con domicilio en la calle San Jerónimo, Centro Histórico de la Ciudad de México, y la ciudadana Ximena Caballero Sandoval, de nacionalidad mexicana, mayor de edad, con el mismo domicilio, quienes solicitan de manera conjunta y por mutuo consentimiento, la disolución legal del vínculo matrimonial celebrado entre ambos el día 30 de septiembre de 1979 en la ciudad de Las Vegas, Nevada, Estados Unidos de América, y reconocido por esta jurisdicción conforme a lo dispuesto en el Código Civil vigente.
Ambas partes manifiestan su voluntad libre y sin coacción de dar por terminado el mencionado vínculo matrimonial, y declaran no tener bienes comunes ni hijos en común, renunciando a cualquier derecho sucesorio, compensación económica o reclamación posterior entre ellos.
El presente divorcio se declara procedente y se decreta la disolución legal del matrimonio, quedando ambas partes en libertad de contraer nuevas nupcias si así lo desean.
Se expide la presente acta para los efectos legales correspondientes.
Firma y sello del Juez de lo Familiar.
En pleno Día del Amor, Tristán había recibido el peor de los regalos: la notificación oficial de su divorcio con Ximena. El trámite que habían postergado durante meses se resolvió en cuestión de días, gracias al dinero y las influencias de su familia. Un día después de su cumpleaños, salió la resolución: oficialmente estaban divorciados. Sus ojos recorrieron las líneas del acta sin detenerse demasiado, como si ya supiera de memoria lo que decía: nombres completos, fechas, cláusulas sin alma. Todo estaba ahí, con precisión jurídica y sin una sola palabra de más. Ni una que hablara de las risas en la cocina, de los paseos por el centro, del calor de unas manos que ya no eran suyas. Se detuvo un momento al ver la dirección: calle Isabel, Centro Histórico. Su dedo rozó la tinta impresa como si, al tocarla, pudiera regresar —aunque fuera por un instante— a ese rincón donde había aprendido a hervir agua, a encender el calentador, a vivir.
Al final, leyó la frase que lo sellaba todo: “se decreta la disolución legal del matrimonio…”. No hubo nudo en la garganta ni lágrima suelta. Solo un silencio espeso que se instaló en su pecho y una certeza extraña: estaba solo.
Volvió a doblar el papel con una precisión casi mecánica, lo guardó en el sobre y se quedó ahí, viendo hacia el mar, deseando que todo fuese una broma, una pesadilla. Que en cualquier momento sonaría el despertador o sentiría el peso de Solovino sobre el pecho, avisándole que quería salir a pasear.
Pero no era así. Los papeles eran tan reales como lo que estaba viviendo. Y ya no habría marcha atrás.
—Mi mexicana bonita —murmuró.
David Canarias le había dicho que el mar le gustaba tanto porque conectaba con todo tipo de lugares y personas. A él lo conectaba con su mujer, quien yacía dormida en el fondo del mar. Pero para Tristán no era así. Si el mar separaba mundos, entre Ximena y él se extendía un universo entero de agua y ausencia; no había ni puente, ni barco posible que los pudiera acercar.
Sin embargo, él susurró, como si las olas pudieran llevarle el mensaje.
—Volveré a tu lado, te lo prometo. Pero antes tengo que asegurarme de dejarlo todo bien atado aquí.
Habían pasado ya treinta y dos días desde que regresó de México, y no aguantaba más. Le dieron 180 días para convivir con ella, pero le bastaron dos semanas para saber que la amaría toda la vida. Si el amor era cuestión de tiempo, a él aún le quedaban días de sobra para volver y pelear por ella. Y lo haría. Se juró que antes de que terminara el mes estaría de regreso en México. Y que esta vez, dejaría Ibiza para no volver jamás.
2 respuestas
😭😭💔 Tristan y David unidos por el dolor y la amistad
Y no sabesssss lo que viene…